Frase de la Sierva de Dios

Indulgencia Plenaria

Las religiosas Misioneras del Sagrado Corazón de Jesús y de Santa María de Guadalupe, queremos hacerles partícipes de nuestra gran alegría, a ti y a cuantos tienen relación con nosotras: familiares, bienhechores, colaboradores de nuestras obras apostólicas y amigos. La alegría que cotidianamente nos proporciona el vivir en el servicio de Dios, ha sido impulsada y motivada extraordinariamente por el regalo especial que su Santidad Francisco nos ha concedido; el regalo de la Indulgencia Plenaria, con ocasión del 50 Aniversario de la Aprobación Pontificia de nuestra Congregación, que celebramos el 29 de Julio del 2014. Esta indulgencia no es gracia exclusiva para nosotras MSCGpe, sino que se extiende a cuantos deseen beneficiarse espiritualmente de ella. Por eso te pedimos que comuniques esta invitación a tus familiares y conocidos. En seguida te hablaremos sobre las disposiciones necesarias para recibir esta gracia.
Con frecuencia hemos escuchado que podemos ganar indulgencias, sin embargo, a veces no entendemos del todo en qué consisten las indulgencias o qué se hace para ganarlas.
Te compartimos una breve explicación que te ayudará a tener un mejor conocimiento sobre el tema de las indulgencias y así aprovechar esta gran oportunidad. Verás que gran regalo nos ofrece Dios a través de la Iglesia.

¿QUÉ ES UNA INDULGENCIA?
La palabra “indulgencia” viene del término “indulto”, que significa perdón total o parcial de una deuda o de una culpa merecida.
La indulgencia es el perdón de la pena merecida por el pecado ya perdonado. La otorga la Iglesia, quien tiene el poder que le ha dado Jesucristo de "atar y desatar" (Mt 16, 19).
El Catecismo de la Iglesia Católica nos enseña: "La indulgencia es la remisión (perdón) ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados (en cuanto a la culpa), que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la Redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos" (CATIC 1471).
Dicho de otro modo: Todo pecado lleva consigo una culpa y una pena. Culpa es la ofensa hecha a Dios; pena es la sanción que dicha ofensa merece. La culpa de los pecados se borra a través de la confesión. La pena -llamada 'pena temporal'- hay que expiarla en el purgatorio, o bien, en esta vida con actos de amor a Dios, con obras buenas hechas en estado de gracia o a través de las indulgencias.
Para entenderlo mejor, usemos un ejemplo muy sencillo: el pecado es como un clavo que penetra en la madera. La confesión saca el clavo pero deja un agujerito en la madera. La indulgencia es como el resanador que tapa el agujero y deja la madera como nueva.
Es muy importante tener presente que la gracia de ganar indulgencia -como toda gracia divina- es posible porque la misericordia y el amor de Dios son infinitos; mas no porque la podamos ganar por nuestros propios méritos.
Las indulgencias tienen un gran valor en la vida espiritual de los cristianos porque:
- Ayudan al progreso espiritual manifestado en las obras de la vida diaria.
- Buscan el arrepentimiento y la conversión del creyente.
- Impulsan al cristiano a crecer en su vida de fe y de gracia, mejorando así su relación con Dios y con los hermanos.
- Cultivan virtudes que son indispensables para la plena comunión con Dios, como son: la humildad para reconocerse pecador, la penitencia para proponerse evitar el pecado, la esperanza que lleva a la plena confianza en la bondad de Dios y en su perdón; y la caridad que conduce a las obras buenas.
En resumen, este es el fin que la Iglesia se propone al conceder las indulgencias: el crecimiento en la fe y en la vida de gracia.
Las indulgencias no son un recurso cómodo para librarse de la pena temporal, supone y exige un plan personal serio, apunta a un cambio interior y a una lucha decidida contra el egoísmo. Carecer de la debida rectitud de corazón y de un propósito de conversión, dejaría al creyente sin ganar las indulgencias, aunque realizara todas las prácticas externas que se le piden. Lo principal e indispensable es la disposición personal interna.
Quien desea verse liberado de la pena temporal merecida por sus pecados, debe tener presente que las indulgencias, a pesar de ser beneficios gratuitos, solamente se conceden cuando son aplicables a sí mismo o a los difuntos (no a otras personas vivas en la tierra) una vez cumplidas las condiciones requeridas para ganarlas. Y lo que en realidad se espera de quien desea recibirlas es: "…que ame a Dios, deteste los pecados, tenga confianza en los méritos de Cristo y crea firmemente que la Comunión de los Santos es de gran utilidad" (Pablo VI, ID 10).
Los fieles que ganan las indulgencias en sufragio de los difuntos, realizan la caridad de la forma más excelsa. (ID 8).
Las indulgencias se agrupan en:
- Indulgencias parciales: borran parte de la pena que los pecados cometidos, ya confesados, han merecido.
- Indulgencias plenarias: borran el total de la pena merecida por los pecados cometidos, que ya se han confesado, dejando el alma dispuesta para entrar inmediatamente en el cielo.
Entonces, al recibir la Indulgencia Plenaria, queda uno como recién bautizado y, si muere en este estado de gracia, el alma está dispuesta para entrar inmediatamente en el cielo, sin hacer escala en el Purgatorio.
La Penitenciaría Apostólica nos indica en el documento “El don de la Indulgencia”, que para alcanzar o ganar la indulgencia es necesario que el fiel se halle en estado de gracia (es decir, sin pecado) y que se encuentre en la disposición interior de desapego total del pecado. Además nos pide cumplir con las tres condiciones siguientes:
1. Confesión Sacramental: Hacer una confesión profunda. Puede hacerse el mismo día que se desea ganar la indulgencia o haberla hecho recientemente. Con una sola confesión sacramental pueden ganarse varias indulgencias plenarias.
2. Comunión Eucarística: Se debe llevar a cabo el mismo día en que se gane la indulgencia.
3. Oración por las intenciones del Papa: Rezar el mismo día en que se gane la indulgencia: un Credo, un Padre Nuestro, una Ave María y un Gloria por las intenciones del Papa.
Y según la ocasión por la que se ofrece la gracia de la Indulgencia Plenaria, se invita a realizar otras obras de piedad, de misericordia y de penitencia.
En nuestro caso, el Santo Padre, a través de la Penitenciaria Apostólica, nos ha dado esta gracia, este regalo de la Indulgencia Plenaria, la cual podemos ganar durante este año (si cumplimos las disposiciones generales antes mencionadas) al visitar en forma de peregrinación alguna de las tres capillas elegidas para ello por el significado que tienen para la Congregación. Estas son:
1. Capilla del “Museo María Amada”, por ser el lugar donde tuvo su origen nuestro Instituto, en el año de 1926. Domicilio: Calle Juan Álvarez 1039, entre Enrique Díaz de León y Juan N. Cumplido, Col. Capilla de Jesús, Guadalajara, Jal.
2. Capilla de la Casa Madre, primera morada propia de la Congregación en la cual se estableció a vivir la comunidad, después de una larga etapa itinerante; y donde habitó nuestra Madre Fundadora, la Sierva de Dios María Amada, los últimos 25 años de su vida. Domicilio en: Av. Ceylán 279, esquina Encarnación Ortiz. Col. Ampliación Cosmopolita, Delegación Azcapotzalco, D. F.
3. Capilla de la Casa Regional María Amada, en Tuxtla Gutiérrez, lugar donde se inició y se expandió la misión en el Estado de Chiapas. En el Instituto Fray Víctor María Flores. Domicilio: 1ª. Poniente Norte 1010, entre 9a. y 10ª. Norte.
Se recomienda a quien visite una de estas Capillas para ganar la Indulgencia, que participe ahí mismo en la Eucaristía; pero si esto no es posible, por lo menos se dé un espacio de tiempo para hacer oración y reflexionar. Y al final, como ya se dijo, se concluya con el Credo, Padre Nuestro, Ave María y Gloria por las intenciones del Papa. Puede participar en otro lugar en la Eucaristía, con tal que sea el mismo día.
Unidos agradezcamos al Corazón de Jesús esta gracia especial que hoy nos concede durante este año y aprovechémosla para que su Reinado de amor se haga presente en nuestras vidas y que por nuestro medio se extienda a más y más corazones.
Cfr. Constitución Apostólica INDULGENTIARUM DOCTRINA 8, 10; Catecismo de la Iglesia Católica 1471, 1479; www.laverdadcatolica.org/F51.htm; www.rosario.org.mx; www.vatican.va;

Oración para su Canonización

Padre Celestial, que te complaces en adornar a tus santos y elegidos con las virtudes de tu Divino Hijo y quisiste abrasar en el fuego de Amor de su Corazón y en el celo ardiente por extender su Reinado a tu hija María Amada y lo manifestaste en su amor hacia los pobres y desamparados; te pedimos la gracia de imitar su ejemplo y para mayor gloria tuya y bien de la Iglesia sea elevada al honor de los altares. Te lo pedimos por Santa María de Guadalupe y los méritos de Cristo Nuestro Señor. Amén.

Oración para su Intercesión

Padre misericordioso, que elegiste a tu hija María Amada, para que abrasada en el amor de Jesucristo, tu Hijo y, llena de celo por la extensión del Reino de amor de su Corazón, se preocupara toda su vida por los que sufren, en especial por los más pobres y desamparados; te pedimos que por su intercesión, nos concedas la gracia que con fe solicitamos… (se hace la petición). Te agradecemos todos los dones que le has concedido y aquellos que por su medio quieras concedernos. Escucha piadoso nuestras súplicas y haznos conocer tu voluntad, por Santa María de Guadalupe y los méritos de Cristo Nuestro Señor. Amén. ¡Sagrado Corazón de Jesús, en Ti confío!